¿Emociones positivas y emociones negativas?

INTELIGENCIA EMOCIONALHablar de emociones positivas y emociones negativas es hablar del juicio que hacemos de las mismas, es decir, de nuestra opinión subjetiva sobre ellas. La RAE, define juicio, en su primera acepción, como “facultad del alma, por la que el hombre puede distinguir el bien del mal”. Por tanto, calificar una emoción como negativa, es hacer el juicio de que es malo experimentar esa emociónY ¿qué tendemos a hacer con las cosas que son “malas”?: evitarlas, suprimirlas, anularlas, extinguirlas, deshacernos de ellas…

Veamos un ejemplo:

Un niño llora y expresa que está triste porque, al mudarse de casa, ha tenido que cambiar de colegio, ahora no conoce a nadie y echa de menos a sus antiguos amigos.  ¿Qué le dirías?, ¿a que acierto si lo que se te ocurre es buscar todas los aspectos positivos posibles de esta nueva situación? (“no te preocupes, harás amigos nuevos enseguida”, “¡qué suerte que ahora vas a conocer a más gente!”, “verás como en unos días estás tan contento como antes”…). Naturalmente, lo hacemos con nuestra mejor intención, queremos lo mejor para él, pero… ¿qué está recibiendo este niño de nosotros?:

  1. La idea de que no es bueno sentirse como lo está haciendo
  2. La idea de que tiene que cambiar esa emoción, es mala, no está bien sentirla
  3. La idea de que, aunque la sienta, no es adecuado expresarla: vamos a convencerle para que acabe expresando lo contrario a lo que siente. Recibe el mensaje “de esto no se puede hablar”.
  4. La idea de “lo que estás sintiendo no es real”, la realidad es esta otra. El niño no se siente comprendido y duda de sus vivencias, de su interpretación de la realidad.

Cuando somos pequeños expresamos nuestras emociones sin juicio, pero poco a poco vamos aprendiendo que hay algunas emociones que no debemos tener, que no debemos expresar, de las que no se puede hablar y de las que tenemos que deshacernos. Este aprendizaje pronto nos lleva a catalogar ciertas emociones como positivas (buenas) y, otras, como negativas (malas). Las malas se reprimen, no existen y no se expresan.

Sin embargo, reprimir una emoción no significa que desaparezca, seguirá estando ahí, pero con una consecuencia añadida: tratar de no mirarla NOS RESTA CONTROL SOBRE ELLA. Si no me permito identificarla y expresarla, no podré manejarla y será la emoción la que terminará tomando el control de nuestras acciones. ¿Cuántas veces has sentido que has perdido el control en alguna situación y has acabado diciendo/haciendo algo que no querías decir/hacer?. Cuanto más tratamos de reprimir una emoción, cuanto más peleamos por hacerla desaparecer, más grande se hace y mayor control toma sobre nuestros actos (restando nuestro control consciente). Explotamos con una pequeña gota que colma el vaso. ¿Es esta reacción proporcional a la situación? ¿o está saliendo en ella todo “lo acumulado” que no hemos expresado y manejado adecuadamente?.

Cuando dejemos de juzgar nuestras emociones, cuando dejemos de catalogarlas como positivas o negativas, comenzaremos a permitirnos vivirlas, entenderlas, expresarlas e INCREMENTAREMOS EL CONTROL SOBRE ELLAS.

Todas las emociones tienen una función, son mecanismos que aseguran nuestra supervivencia. ¿Para qué sirve, por ejemplo, el miedo?. El miedo nos alerta ante una situación de peligro. ¿Te has planteado qué ocurriría contigo si no fueses capaz de sentir miedo? ¿en cuántas situaciones el miedo ha asegurado tu supervivencia? ¿en cuántas situaciones de riesgo te habrías puesto si el miedo no hubiese cumplido su función?. Por otro lado, todas las emociones nos envían un mensaje. En el caso del miedo, el mensaje es “has de estar alerta”.

¿Y el enfado? ¿para qué nos sirve?. Si no fuésemos capaces de enfadarnos, no delimitaríamos nuestro espacio, permitiríamos cualquier agresión externa sin inmutarnos. El enfado nos envía el mensaje de “defiende tu espacio”.

Lo mismo ocurre con la tristeza, que habla siempre de una pérdida (pérdida de un sueño, de un ser querido, de un objetivo…). La tristeza nos ayuda a hacer el duelo necesario para asimilar esta pérdida, darle significado y llevar a cabo los reajustes psicológicos necesarios para poder seguir adelante. Nos envía el mensaje de “para, reflexiona, elabora  y reajusta para poder continuar”.

Cuando no identificamos, cuando no expresamos y cuando tratamos de “tapar”, terminamos abandonándonos a la emoción y, es en ese momento, cuando el miedo se transforma en ansiedad, el enfado en furia o ira y la tristeza en depresión.

silencio2 copiaNecesitamos todas y cada una de nuestras emociones en momentos determinados de nuestra vida. El hecho de que las circunstancias que las provocan sean más o menos agradables, no significa que la emoción sea negativa. Tal vez, en ocasiones, no podamos cambiar las circunstancias, pero TOMAR CONTROL SOBRE NOSOTR@S MISM@S Y NUESTRAS EMOCIONES, sí va a condicionar el desenlace de dichas circunstancias, nos va a permitir MANEJARNOS  adecuadamente en ellas.

NECESITAMOS LLEVAR A CABO UN REAPRENDIZAJE EMOCIONAL, desmontar lo aprendido en este sentido desde la infancia y empezar a tomar conciencia de nuestras emociones sin juzgarlas, para, así, ser capaces de gestinonarlas eficazmente y lograr mayor control sobre lo que queremos. Decirle al niño que ha cambiado de colegio “es normal que te sientas triste, ¡cómo no vas a estarlo!”, no es incrementar su tristeza, es ayudarle a reconocer e identificar lo que siente, ponerle nombre, normalizar que experimente estas emociones en estas circunstancias… Si puede reconocer y expresar sus emociones, podrá manejarlas. Podremos entonces buscar mecanismos efectivos que le ayuden a afrontar adecuadamente esta situación (“podemos llamar a tus antiguos compañeros siempre que quieras”, “podemos ir a verles”, “puedes contarme cómo estás siempre que necesites”…) Y, de esta forma, hablando de lo que ha perdido, observar el futuro “sin la carga del pasado”, evitando que la tristeza, a fuerza de negarla, se transforme en rabia o depresión.

IE niños

Lo mismo ocurre cuando a un niño o niña le permitimos hablar del enfado y de lo que provoca el enfado. Cuando le ayudamos a poner palabras a lo que está sintiendo (“lo que te pasa es que estás enfadad@”). Esto pone el foco en lo que realmente ocurre, en su emoción y lo que hay detrás de ella, no en las consecuencias visibles de la misma: las acciones.

Como Goleman decía, la autoconciencia es la piedra angular de la Inteligencia Emocional. Ser emocionalmente inteligentes no es otra cosa que saber identificar, expresar y gestionar nuestras emociones, manejándonos adecuadamente con la ajenas. ¿Te apuntas al reaprendizaje?.

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Curso “Coaching Para Profesionales de la Intervención Social”

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“El saber consiste mas bien en dar salida a la luz que hay en nosotros, que en abrir puertas para que entre lo que viene de afuera.” Platón.

Un curso pensado para educador@s, trabajador@s sociales, psicólog@s, integrador@s, maestr@s, animador@s… en el que trabajaremos, desde la práctica, estrategias de coaching (y su aplicación en el día a día profesional de cada un@ de l@s participantes) encaminadas a generar en las personas con las que intervienen: mayor autoconciencia, mayor autonomía y responsabilidad frente a sus procesos. 

20 hrs (5 sesiones de 4 hrs) en viernes de octubre y

noviembre

 

Para inscribirte pincha aquí

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Puedes descargarte el folleto informativo pinchando aquí: Tríptico curso 20 hrs

Seminario GRATUITO Coaching Para Profesionales de la Intervención Social

Seminario GRATUITO Coaching Para Profesionales de la Intervención Social

De cara al inicio del nuevo curso escolar, realizaremos este seminario gratuito, del que podrás llevarte:
– Conceptos básicos de coaching
– Cómo aplicar estrategias básicas de coaching en tu práctica diaria profesional
– Información sobre el curso de 20 hrs que tendrá lugar a partir de octubre

Si estás interesado/a en acudir, ES IMPRESCINDIBLE QUE RELLENES LA FICHA DE PREINSCRIPCIÓN (las plazas son limitadas y se asignarán por orden de recepción). Para preinscribirte, pincha aquí  

No dudes en ponerte en contacto con nosotras si tienes alguna duda.

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Taller de coaching en la Universidad Popular de Rivas

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¡¡Aún hay plazas disponibles para el próximo taller que comienza en enero y durará hasta marzo!!

Se realizará todos los miércoles de 18:30 a 20:30

¿Cuáles son tus propósitos para 2013?

En este taller  trazarás el camino para convertir

tus sueños en metas alcanzables

Pincha en el enlace de abajo para acceder a la información del taller:

Folleto informativo. Pincha aquí

 

Cuento para pensar: Galletitas. Jorge Bucay

A una estación de trenes llega una tarde una señora muy elegante. En la ventanilla le informan que el tren está retrasado y que tardará aproximadamente una hora en llegar a la estación.

Un poco fastidiada, la señora va al puesto de diarios y compra una revista, luego pasa al kiosco y compra un paquete de galletitas y una lata de gaseosa.

Preparada para la forzosa espera, se sienta en uno de los largos bancos del andén. Mientras hojea la revista, un joven se sienta a su lado y comienza a leer un diario. Imprevistamente la señora ve, por el rabillo del ojo, cómo el muchacho, sin decir una palabra, estira la mano, agarra el paquete de galletitas, lo abre y después de sacar una comienza a comérsela despreocupadamente.

La mujer está indignada. No está dispuesta a ser grosera, pero tampoco a hacer de cuenta que nada ha pasado; así que, con gesto ampuloso, toma el paquete y saca una galletita que exhibe frente al joven y se la come mirándolo fijamente.
Por toda respuesta, el joven sonríe… y toma otra galletita.
La señora gime un poco, toma una nueva galletita y, con ostensibles señales de fastidio, se la come sosteniendo otra vez la mirada en el muchacho.
El diálogo de miradas y sonrisas continúa entre galleta y galleta. La señora cada vez más irritada, el muchacho cada vez más divertido.
Finalmente, la señora se da cuenta de que en el paquete queda sólo la última galletita. ” No podrá ser tan caradura”, piensa, y se queda como congelada mirando alternativamente al joven y a las galletitas.
Con calma, el muchacho alarga la mano, toma la última galletita y, con mucha suavidad, la corta exactamente por la mitad. Con su sonrisa más amorosa le ofrece media a la señora.
– ¡Gracias! – dice la mujer tomando con rudeza la media galletita.
– De nada – contesta el joven sonriendo angelical mientras come su mitad.
El tren llega.
Furiosa, la señora se levanta con sus cosas y sube al tren. Al arrancar, desde el vagón ve al muchacho todavía sentado en el banco del andén y piensa: ” Insolente”.
Siente la boca reseca de ira. Abre la cartera para sacar la lata de gaseosa y se sorprende al encontrar, cerrado, su paquete de galletitas…  ¡Intacto!

Jorge Bucay.

Inteligencia Emocional. Parte 2: Ayudando a nuestros hijos/as a tomar conciencia de sí mismos/as

Una de las competencias básicas de la Inteligencia Emocional es el autoconocimiento, es decir, la toma de conciencia sobre uno/a mismo/a, detectar y entender qué me hace actuar de una determinada forma, qué sentimientos mueven esas acciones, cuáles son mis potencialidades, habilidades… y cuáles mis obstáculos personales. Se trata de poder tener una visión realista de uno/a mismo/a. El autoconocimiento es la base de la autoestima.

Pensemos por un momento ¿qué nivel de autoconocimiento tienen los niños/as? ¿de dónde les llega la información sobre cómo reaccionan, cómo actúan…? ¿de ellos/as mismos/as o del mundo adulto?. La formulación de la pregunta lleva la respuesta implícita en sí misma y ésta es la base del presente artículo: la inmensa mayoría de la información que los niños/as tienen sobre sí mismos/as les llega del exterior, les decimos cómo son, qué hacen bien, qué tienen que mejorar… Lamentablemente, además, tendemos a  señalar más esta última parte (lo que tienen que mejorar) que lo que hacen bien (que se da “por supuesto” o que, en ocasiones, pensamos que no hay nada que decir porque “sólo cumplen con lo que debe ser”). Y no sólo eso, sino que, además, es frecuente escuchar estas propuestas de mejora no como tales, sino identificándolas con lo que el niño o la niña ES: “eres un vago” ,”eres un egoísta”, “eres un desobediente”, “eres un protestón”…

Resumiendo y relacionando conceptos: si la forma principal en que los niños/as se conocen a sí mismos/as es a través de lo que les decimos, si la información que reciben en este sentido está más centrada en lo negativo y si, además, les decimos con ello LO QUE SON… ¿qué tipo de autoconcepto tendrán? ¿cómo será su autoestima?. Muchos padres y madres me han dicho en diversas ocasiones “si no digo a mi hijo que es un protestón ¿cómo se va a dar cuenta y cómo va a poder cambiarlo? se lo digo porque le quiero, para que cambie”. Lo curioso es que, a pesar de que sea desde el cariño y desde la mejor intención, conseguimos el objetivo contrario: el niño/a se siente descalificado/a y, con ello, en ocasiones, “no querido/a”; provocamos que identifique esto que tanto le repetimos con algo suyo, propio y, además, no le ayudamos a pensar cómo poder cambiarlo, por lo que, incluso, reforzamos este comportamiento.

Os hacemos una serie de sencillas propuestas que, como padres, podéis tener presentes para ayudar a vuestros/as hijos/as a que generen una adecuada y positiva imagen de sí mismos/as:

Evitad identificar “con lo que SON” aspecto negativos. Con ello sólo conseguimos que los niños/as se identifiquen con algo difícil de romper, que configuren su identidad en torno a características negativas, que esto se convierta en “su etiqueta identificativa” y se comporten de esta forma en todos los ámbitos.

En lugar de ello, devolved los comportamientos a cambiar como algo, no que les identifique, sino asociándolo a las situaciones concretas“cuando no compartes con los amigos/as (situación concreta que puede ser y ha sido diferente en otros momentos) no me gusta cómo te veo (mi percepción y la emoción que esto genera en mi, no “como el niño/a es”)  y ¿qué ocurre?  (ayudadle a que piense y a que exprese las consecuencias que esto tiene) te quedas solo, no quieren jugar contigo, estáis enfadados… ¿te acuerdas el otro día cuando bajaste todos tus coches y jugasteis todos? ¿cómo lo pasásteis? ¿cómo te gusta más estar?”. Recordad situaciones en las que el niño/a ha actuado al contrario y ayudadle a ver las consecuencias positivas de ello. De esta forma, le dais el poder y la posibilidad de cambiar sus acciones, percibe que puede decidir cómo quiere hacerlo y que, además, sabe hacerlo de otra forma, en lugar de encasillarle en una característica que terminará asumiendo como propia a fuerza de escucharla una y otra vez.

Ayudadle con preguntas a que descubra e identifique sus características positivas, sus potencialidades. Cuando es él mismo quien lo identifica y lo expresa, pasa a formar parte de su identidad y, una vez integrado, es ya una característica que se convierte en una habilidad, una destreza, una fortaleza… una forma de actuar propia. Éste es el objetivo: que como padres, podamos ayudar a nuestros/as hijos/as a identificar y poner en funcionamiento todo su potencial, generando con ello una base sólida en autoconcepto y autoestima que les ayude a crecer como personas. En las siguientes publicaciones abordaremos ejemplos concretos, en diversas situaciones, que ayuden a profundizar en este punto.

TALLER DE HABILIDADES EMOCIONALES EN LA UNIVERSIDAD POPULAR DE RIVAS

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A partir del próximo 16 de julio se abre el plazo de preinscripción para los cursos de la Universidad Popular de Rivas Vaciamadrid. Entre ellos, podéis encontrar el TALLER DE HABILIDADES EMOCIONALES, que será impartido por Itínere Coaching.

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  • Tendrá una duración de 3 meses (de octubre a diciembre)
  • Se llevará a cabo los martes de 10 a 12 hrs.
  • Inscripciones (pincha aquí) 

¿Qué son las habilidades emocionales?

Hablamos de habilidades emocionales para referirnos a una serie de competencias o capacidades tales como: 

    • Reconocer mis sentimientos y emociones (tomar conciencia de mí mismo/a, autoconocimiento)
    • Control emocional (capacidad de regular mi conducta y manejar estados de ánimo como la tristeza, el enfado, la ansiedad…)
    • Manejo de las relaciones con los demás desde la comunicación asertiva (siendo capaz de defender mis ideas, intereses, opiniones, necesidades… respetando y teniendo en cuenta las de los demás)
Las personas con elevadas competencias emocionales son socialmente equilibradas, con mayores y más satisfactorias relaciones sociales, optimistas y alegres… manejan las dificultades de forma más efectiva, se sienten bien consigo mismos/as y son valorados/as por quienes les rodean.
Las habilidades emocionales no son competencias innatas, sino que se van adquiriendo y entrenando a lo largo de la vida. Éste es, precisamente, el…

Objetivo del taller:

Generar un espacio de formación,  reflexión y análisis que favorezca la revisión personal (autoconocimiento) y la adquisición de estrategias, habilidades y competencias emocionales, a fin de incrementar la inteligencia emocional de los alumnos/as.

Más información:

  • Puedes escribirnos un correo con tus dudas a: contacto@itinerecoaching.es
  • Llamarnos por teléfono: 659.094.786
  • Para dudas en referencia a la matriculación. puedes dirigirte a:

Centro Cultural Federico García Lorca

Plaza de la Constitución

Teléfono 91 660 27 25

Inteligencia Emocional. Parte 1: Un pequeño juego para hacer en familia

Iniciaremos un grupo de publicaciones dedicadas a cómo podemos, como padres y madres, promover la Inteligencia Emocional en nuestros hijos/as. Obviamente, antes de saber si queremos o no promoverla tendremos que saber qué entendemos por inteligencia emocional:

Sintetizando mucho, podemos definir la Inteligencia Emocional como la capacidad, a nivel intrapersonal, de detectar mis emociones y sentimientos, de valorarme de forma equilibrada (autoconocimiento: autoconcepto y autoestima), de regular mis estados de ánimo y mis implusos… Y a nivel interpersonal, se centraría en la capacidad de relacionarme con las personas que me rodean desde la empatía y la escucha activa, expresando y defendiendo mis ideas e intereses, teniendo a la vez en cuenta las de los demás.

¿Qué hace que sea importante trabajar la Inteligencia Emocional en los niños/as?. Hemos de tener presente que no se nace con un determinado nivel de Inteligencia Emocional, se trata más bien de capacidades que se van adquiriendo y desarrollando a lo largo de la vida y, este aprendizaje, se inicia desde el momento en que nacemos, en la familia. Un adulto con elevada inteligencia emocional ha tenido, en la inmensa mayoría de los casos, un ambiente familiar que ha favorecido que pudiese adquirir esas competencias.

Las personas con competencias emocionales elevadas tienen mayores y más satisfactorias relaciones sociales, se caracterizan por ser optimistas y alegres, manejan las dificultades de forma más efectiva, se sienten bien consigo mismos/as, son valorados/as por las personas que les rodean… ¿no quiere esto cualquier padre o madre para sus hijos?

A lo largo de siguientes publicaciones iremos profundizando en las diferentes capacidades de la Inteligencia Emocional y en cómo podemos potenciarlas desde el entorno familiar. Hoy os proponemos, de forma genérica, como introducción, una primera técnica, sencilla, fácil de aplicar en familia y, a la vez, de gran riqueza y potencial. Trabaja dos aspectos clave en la inteligencia emocional: la autoestima y la detección/expresión de emociones y sentimientos. Al mismo tiempo, favorece la creación de “espacios” familiares en los que poder hablar de lo que hay por debajo de nuestras acciones: las emociones.

Para realizarlo, únicamente necesitamos:

    • Unas fichas de colores (pueden ser fichas de poker, del “conecta 4″…)
    • Un recipiente (vasija, bol, caja grande…)
    • Un saquito, cajita o bolsa pequeña para cada miembro de la familia

El procedimiento es sencillo: las fichas representan las cosas que hacen crecer o disminuir la autoestima de cada una de las personas de la familia. Se sitúan todas en el recipiente grande. Alrededor del mismo, situaremos las bolsitas o cajas individuales, cada una con el nombre de la persona a la que corresponda. Cada noche, en el momento que se decida como el más adecuado, cada uno de los miembros de la familia, de uno en uno, irá dando una ficha a cada persona con la que haya vivido una situación en la que éste o ésta le haya hecho sentir bien, verbalizando dicha situación, por ejemplo: “le doy una ficha a  (un hijo/a) porque me he sentido orgulloso/a de él/ella cuando ha guardado parte de las golosinas que le han dado en el cumple para su hermano”. Esa ficha se guarda en la caja/bolsa de la persona que la recibe. Por otro lado, cada persona se quitará a sí misma una ficha por cada situación en la que alguien de la familia le haya hecho sentir mal, por ejemplo: “me quito una ficha porque hoy me he puesto triste cuando papá me ha gritado”.

Han de tenerse claras tres normas básicas:

  • No puedo quitar fichas a nadie, sólo a mí mismo/a.
  • No puedo coger fichas, sólo regalarlas a otra persona.
  • En ambos casos he de expresar, por un lado, el hecho concreto y, por otro cómo éste me ha hecho sentir (especificar la emoción o el sentimiento específicos)

¿Qué se consigue con esto? En muy poco tiempo, realmente muchas cosas:

  • Expresamos las cosas que nos gustan de los demás (algo que, lamentablemente, estamos poco acostumbrados a hacer). De cara a los niños/as, a quienes solemos señalar más lo que han de cambiar que lo que hacen bien, incrementa enormemente su autoestima y, además, favorece que esas acciones se repitan.
  • No descalificamos las actuaciones de otros “eres un egoísta, contestón, vago…”, sino que expresamos cómo nos hacen sentir a nosotros/as determinadas acciones suyas. Con ello, pasamos de la “etiqueta negativa”, de poner el acento en lo que “el niño es”, de atentar contra su identidad, a focalizar en la acción que realiza (esto se puede cambiar de forma mucho más sencilla que “lo que soy”). Además, ayudamos a que aprendan a empatizar, a darse cuenta de las repercusiones emocionales que en los demás tienen las cosas que hacemos o decimos y les damos el poder y la capacidad de cambiarlo.
  • Les ayudamos a que identifiquen sus emociones y sentimientos, a que se paren a pensar y tomen conciencia de sí mismos/as y, más allá de ello, les entrenamos día a día en la expresión adecuada de los mismos. Esto no se aprende porque alguien le diga al niño/a qué es lo que tiene que decir, sino practicándolo y con alguien que le ayude a hacerlo (que ponga palabras donde ellos/as no las saben poner, que ayude a identificar la diferencia entre acción y emoción…). Cuanta más práctica, más capacidad tendrán para identificar cómo se sienten y para expresarlo adecuadamente. No tardarán en generalizar este aprendizaje a otros contextos: los amigos/as, los compañeros/as de clase, los profesores…

Estuve buscando información en internet sobre esta técnica, que me la contó una buena amiga (gracias, Eva) a quien, a su vez, según me dijo, se la contó una coach belga, el caso es que no encontré nada. Sin embargo, fui a dar con este vídeo, que me resultó muy interesante ¿vendrá de aquí? no lo se, pero parece probable… Debajo os dejo el enlace:

http://www.youtube.com/watch?v=_BuP5XuMZGA

El uso de estrategias de coaching en intervención social

El coaching tiende a asociarse al mundo empresarial y ejecutivo, sin embargo, poco a poco, comienza a tener mayor presencia en el ámbito de la intervención social. ¿Qué puede aportar a los profesionales que trabajan en este área?. Para responder a la pregunta, tal vez, sería interesante recoger primero algunas ideas básicas sobre qué es el coaching:

  • Se trata, ante todo, de un proceso de autodescubrimiento, de toma de conciencia (quién soy, qué potencialidades tengo, qué me limita, de qué herramientas/habilidades/aptitudes… dispongo, qué quiero…)
  • Este autodescubrimiento es guiado por un coach (un profesional que, mediante preguntas, sin juicios y sin indicaciones, me ayuda a ir detectando e identificando)
  • Con ello se consigue que la persona se responsabilice de su situación, sea consciente de lo que realmente quiere, valore las opciones que tiene para conseguirlo, identifique el potencial que no está usando y se ponga en marcha para lograrlo, esto es, se trata de un proceso encaminado a la acción, a una acción consciente y responsable, de quien la persona es su máximo responsable.
Desde esta perspectiva, no es difícil encontrar las primeras diferencias en el ámbito de la intervención social, en el que los/as profesionales tendemos a hacernos responsables de los problemas de las personas con las que trabajamos, tendemos a buscar soluciones, a hacer hipótesis, a dar indicaciones… ¿qué ocurre cuando asumimos la responsabilidad del proceso de la persona que tenemos en frente? básicamente que permitimos que deje en nuestras manos la responsabilidad del éxito o el fracaso del proceso. Nos situamos como “expertos/as” que han de “diagnosticar” qué le ocurre y dar indicaciones para llegar a una solución. Asumimos el peso del proceso y restamos capacidad de toma de decisiones a la persona con la que intervenimos.
¿Qué beneficios puede ofrecer, entonces, seguir estrategias de coaching?
  • Te va a situar, como profesional, en una posición diferente “voy a ayudarte a que encuentres tu solución”.
  • Va a facilitar que puedas, realmente, escuchar a la persona que tienes delante (“yo no tengo la solución para ti, ¿quién mejor que tú puede saber qué opciones y recursos tienes?”)
  • Y, lo más importante, vas a favorecer el empoderamiento de la persona, vas a ayudarle a detectar sus potencialidades, a que ponga en marcha sus propios recursos (no los tuyos, ni los de un manual) y a que se responsabilice de su situación, de su proceso y de la consecución de sus objetivos.

Y… ¿cómo se hace esto?. Sin hacer un curso de coaching, como experimento de iniciación, te proponemos que pongas en práctica dos reglas básicas en algunas de tus intervenciones, para poder observar los resultados:

  1. ESCUCHA ACTIVAMENTE: No juzgues qué te dice la persona que te cuenta su problema, no elabores hipótesis, no pienses qué vas a contestar mientras habla… simplemente, escucha y centra toda tu atención en lo que te está contando.
  2. REDUCE TODA TU INTERVENCIÓN A PREGUNTAR: Sin emitir juicios ni dar opiniones (“esto es normal”); sin dar indicaciones, aunque sean en forma de pregunta (“¿has probado a hacer…?”); sin dar argumentaciones, hipótesis, explicaciones… (“esto te pasa porque…”). Con preguntas abiertas, que hagan pensar, que no sean dirigidas (“entonces… si dices que… y que… ¿no crees que…?”). Las preguntas pueden seguir un orden similar al que te proponemos (recogido del modelo GROW*):
      • En primer lugar, ayúdale a clarificar qué quiere conseguir, qué quiere cambiar, cuál es REALMENTE su objetivo. Detente en este objetivo tanto tiempo como sea necesario: qué hace que quiera conseguirlo, cómo se va sentir cuando lo consiga, qué cambios va a experimentar, cómo va a saber que lo ha conseguido, cuánto de importante es para él/ella conseguirlo…
      • En segundo lugar, pregúntale qué ve en la realidad actual que le indica que ha de hacer cambios en este área. En relación a esto, ayúdale a analizar qué obstáculos encuentra y, uno a uno, ayúdale a pensar cómo puede manejarlos, qué opciones encuentra y, de ellas, cuál puede utilizar. No te olvides de algo fundamental: qué recursos tiene y no utiliza: qué situaciones similares del pasado ha manejado con éxito, qué parte de él/ella puede “sacar la fuerza” necesaria para afrontarlo…
      • En tercer lugar, ayúdale a que piense en las diferentes opciones que tiene. Insiste en ello, que genere alternativas nuevas (no sólo las que ya ha valorado). Para ello, pregunta tantas veces como sea necesario: “¿y qué más?”. Ayúdale mediante preguntas a que evalúe dichas alternativas.
      • Finalmente, centrare en preguntar qué va a hacer como primer paso, cómo y cuándo, concretando lo máximo posible.

Te animamos a que, si lo pones en práctica, comentes los resultados de este experimento y las diferencias que hayas podido encontrar.

*Para más información sobre el modelo GROW, te sugerimos que revises la publicación de John Whitmore: Coaching. El método para mejorar el rendimiento de las personas. Editorial Paidós Empresa. 2011.